Rúbrica para evaluar jugadores de fútbol base
Una nota de 1 a 5 sin descriptores es una opinión con número. Una rúbrica describe qué se ve en cada nivel, para que el mismo jugador reciba la misma nota en septiembre que en mayo, y de dos ojeadores distintos.
Por qué una nota sola no basta
Dos ojeadores ven al mismo jugador y uno le pone un 3 y el otro un 4. O el mismo ojeador lo puntúa en septiembre y en mayo y el número cambia sin que el jugador haya cambiado. Mientras la escala sea «lo que a mí me parece un 3», no hay forma de saber si la diferencia está en el jugador o en quien mira.
Una rúbrica lo resuelve escribiendo, para cada nivel de cada competencia, qué se ve. La nota deja de ser una impresión y pasa a ser la elección del descriptor que más se parece a lo que viste.
Qué debe tener una buena rúbrica
- Niveles descritos con hechos, no con adjetivos. «Con carácter» no se puede puntuar; lo que hace ese jugador cuando va perdiendo, sí.
- Solo lo que se observa desde donde se mira. Desde una grada no se ve la intención de un jugador ni lo que decidió y no ejecutó. Un descriptor que lo pida se contamina con el resultado.
- Relativa a la categoría y a la liga. Un 4 en un Juvenil de División de Honor y un 4 en uno de Segunda no son lo mismo, y un 4 en Infantil tampoco.
- Un núcleo corto y fijo. Si todo es obligatorio, el informe no se cierra en el campo y se abandona. Mejor pocas competencias siempre que muchas a veces.
- Un bloque común y uno por posición. Lo que se mide en un portero no es lo que se mide en un extremo, y a la vez hay cosas que cualquier jugador tiene que hacer.
- Una versión. Sin ella, afinar un descriptor mezcla en silencio evaluaciones que ya no son comparables.
Cómo lo resuelve OJE·O
OJE·O tiene una sola rúbrica con 74 competencias, repartidas en un bloque transversal y uno por cada una de las ocho demarcaciones, y con cinco niveles escritos en cada competencia.
En cada informe se puntúan ocho: tres transversales, que son las mismas en cualquier posición, y cinco de la demarcación que ocupó el jugador ese día, que no es necesariamente la suya natural. El resto son opcionales y no cuentan para el tiempo del informe.
Al puntuar, el ojeador tiene delante el descriptor de referencia de cada competencia y puede abrir los demás niveles. Eso es lo que evita puntuar de memoria.
Las reglas de evaluación, entre ellas qué competencias son el núcleo de cada demarcación, las fija el administrador de la cuenta. En una agencia, así todos los ojeadores miden lo mismo.
Una rúbrica con versión
Cada observación se guarda con la versión de la rúbrica con la que se hizo. Parece un detalle, pero es lo que evita el error más caro: afinar un descriptor y que, en silencio, se mezclen evaluaciones que ya no son comparables.
Si un descriptor cambia después de que hicieras una observación, la observación te lo avisa al abrirla, y su contenido no se toca: una vez guardada no se edita, se corrige emitiendo una nueva que la anula y conserva la original.
Preguntas frecuentes
¿Puede una agencia cambiar las competencias de núcleo?
Sí, pero solo un administrador de la cuenta, no cada ojeador por su cuenta. Si cada uno eligiera su núcleo, dos informes de la misma agencia dejarían de poder compararse, que es justo lo que la rúbrica quiere evitar.
¿Sirve la misma rúbrica para todas las categorías?
Sí. Es una sola, pensada para leerse respecto a la categoría y la liga del jugador, de modo que la serie histórica de un chaval no se rompe cuando sube de categoría.
¿Por qué ocho competencias obligatorias y no más?
Porque el informe tiene que poder cerrarse en pocos minutos desde la grada. Cada competencia que entra cuesta tiempo, así que si una entra, otra sale. Las opcionales se puntúan solo cuando aportan algo ese día.